Zhu Puyu fue víctima de la vil trampa de su madrastra y su hermanastra, y hasta su propio padre la abandonó. Tras vagar por tierras desconocidas y sobrevivir a días infernales, regresa a su ciudad natal para recuperarlo todo. Ante su mirada, su hermanastra se aferra con arrogancia a Wen Jingsi, su antiguo prometido. Lejos de enfurecerse, en los labios de Puyu se dibuja una sonrisa siniestra: «Así es, ahora comienza el verdadero castigo…». Su perfecta venganza abre hoy su telón en silencio.