Tras la muerte de mis padres, me crió la tía Sandra, la mejor amiga de mi madre, y me cuidaron con cariño sus dos hijos, los hermanos Miller. Siempre creí que algún día me casaría con uno de ellos. Pero desde la llegada de Lola, la hija de una sirvienta, todo cambió. Los hermanos Miller destrozaron mi corazón sin piedad. Solo cuando me fui se dieron cuenta de que me habían perdido y me buscaron desesperadamente.