Él siempre fue discreto y reservado, soportando en silencio las burlas y el desprecio de los demás. Hasta que un día, una cultivadora de belleza incomparable y origen noble, cegada por su arrogancia, lo tomó por una hormiga a la que podía pisotear a su antojo y, desenvainando su espada, lo humilló con sus palabras. Sin embargo, ante la mirada aterrada de la cultivadora, este «inútil» que siempre había parecido débil y cobarde alzó lentamente la vista, ¡y de todo su ser estalló una majestad imperial de la antigüedad que hizo temblar los nueve cielos y las diez tierras!