En el ámbito laboral, un director se comporta con prepotencia y habla sin filtro, difamando a la empresa y a sus superiores. Sin embargo, se topa con el jefe, que estaba de incógnito, y la situación se vuelve de inmediato incómoda. La llegada de la secretaria termina de revelar su identidad, y el jefe lo despide en el acto. Esta historia advierte que hay que ser prudente en palabras y acciones, y que nunca debe faltar el respeto ni la reverencia. En el trabajo, siempre hay que mantener los límites de la conducta y no arruinar el futuro por un arrebato de soberbia.