En la facultad de ingeniería casi no hay mujeres, pero las senpais del club de teatro tienen poder, contactos y las llaves. No le enseñan a actuar: le enseñan a ser usado, a darle la vuelta y abrir al presidente del club, y a seguir con la escena aunque alguien pueda oírlos. La puerta del vestuario no está del todo cerrada y la primera lección ya no es actuación.