Una profesora madura y dominante acaba convertida en un mero objeto de placer. Cada día sirve a los miembros de distintos hombres de su entorno: un viejo lascivo, un compañero canalla, un marido cornudo... ninguno la deja escapar. La señorita Lin, antes altiva e inalcanzable, es usada una y otra vez hasta quedar completamente sometida, y su cuerpo se convierte en la herramienta más obediente. Su diario ya no registra clases, sino cada día en que la dejan sin sentido. La miniserie hace añicos la dignidad de «profesora». Cuanto mayor es el contraste, más profundo es el hundimiento. Del aula al lecho, solo le queda el instinto de ser llenada.