El viento de la época sopla sobre los muros de barro y las cuerdas de tender la ropa, pero las reglas de la casa ya se han roto antes. «Ella es la hermana menor de mi esposa»: cuando se pronuncia esa frase, el aire ya huele distinto. La cruel realidad arrincona a las personas, y la desesperación abarata la moral. En los ojos de la hermana menor hay duda, y también una rendición que aflora poco a poco; en el silencio del cuñado se esconde la intención de poseerla un paso más. La bendición de tener a dos hermanas nunca fue una bendición, sino una red de deseo que atrapa a ambas en la misma trampa. En este episodio, la línea entre abandonarse a uno mismo y disfrutar activamente se difumina poco a poco por la realidad. Cuando la niebla se disipa, solo queda un hundimiento más descarnado.